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Duermevela

Imants Tillers


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«Sergio Espinosa reseña "Tiembla", el libro de Ruth Llana que, junto a ella, presentaremos Antonio F. Rodríguez (aka Arshesh Zhad) y yo de aquí a siete días justos en Pequod Llibres (19h). Yo digo que este libro, la voz de Ruth, es como una pequeña casa de paja que estaba ahí, a la que ahora podemos volver, una casa que es temblor, desvanecimiento, ondulación y restos. Allí nos vemos.»


lo que dijo Laia López Manrique sobre la reseña de Sergio Espinosa para Revista TN (De la duermevela al despertar en Ruth Llana)

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jueves, 12 de febrero de 2015 Deja tu comentario

Acercándose







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Presentación de Tiembla en Barcelona



El jueves 19 de febrero a las 19:00 hs presentamos Tiembla (Point de Lunettes, 2014) en Barcelona con la compañía de Antonio F. Rodríguez, más conocido por estos lugares como Stalker, y Laia López Manrique.


Será en Pequod llibres  a las 19:00 hs (C/ Milà i Fontanals 59, Vila de gràcia, Barcelona)

¡Quedan todos invitados a seguir las huellas!





martes, 10 de febrero de 2015 Deja tu comentario

El ciclo y el lenguaje (I)

Laia López Manrique


Elisabeth Vogler


sostenida como un cuerpo en la revelación de su faro
dijo que el silencio es una casa llena de ratas
/revelación casa de ratas silencio/
dijo que había llegado la hora de quemar la máscara por su inverso
por el lado de yeso que acaricia el rostro
el interior del labio
el hueco ovalado que libera la vista


dijo que acallar el pequeño silabeo dorsal era el inicio
una forma de inacabar
/tengo hambre tengo sueño tengo frío
mi cuerpo es aposición y gruñe entre dos comas
estoy
presencia pura
no pertenezco al mundo/
que acallar a la mujer a la niña al hijo y subir a la tierra de nuevo desnuda
ser una corteza
hacerse piel neutra o escucha
arañar a la madre













Elisabeth Vogler, poema publicado en Revista Détour





Laia López Manrique (Barcelona, 1982). Estudió Filosofía y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universitat de Barcelona. Ha publicado los poemarios La mujer cíclica (La Garúa, 2014) y Deriva (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012) y ha participado en diversas antologías como Voces nuevas XXII (Torremozas, 2009), Blanco nuclear (Sial, 2011), Mujeres que aman a mujeres (Vitruvio, 2011), Hijas del pájaro de fuego (Fin de viaje, 2012) y Sangrantes (Origami, 2013). Es directora y coeditora, con Lola Nieto y Antonio Rodríguez, de la revista digital Kokoro y colabora con artículos críticos y textos de creación en diversas publicaciones como Revista de Letras, Literaturas, Calidoscopio, Revista Kafka, Catálogos de Valverde-CartoemasShangrila Textos Aparte, Paralelo Sur, Revista Quimera y Revista Détour.



lunes, 22 de julio de 2013 Deja tu comentario

Mar está sucio, Laia López Manrique

EL MAR ESTÁ SUCIO, por Laia López Manrique
Miro el vómito debajo de mí. Lo toco con los dedos. Enfrento el asco como algo que merece ser observado muy de cerca.
Estoy sentada con las piernas abiertas, como los niños que hacen castillos junto al agua. Entre mis piernas, el vómito. Más allá de mis pies, el mar naciente.
Soy inmunda como un pájaro muerto en la calle, como una esquirla que salta hacia el ojo.
Me rodean los hombres y mujeres del mundo limpio, casi desnudos.
Ellos no saben que también son inmundos con sus carnes al sol.
Si no estuviera en esta playa y tuviera a mi alcance una lupa, me gustaría investigar los fragmentos del vómito, su desigual textura, sus matices. Pero no es posible. Tendré que conformarme con el tacto, con la visión de la papilla en la arena quemada.
*****
Puede que cielo sea azul, pero el mar está sucio.
Mientras todos fingen callar y untan sus cuerpos con aceites, mi vómito aúlla en el centro.
Mi vómito señala la suciedad del mar en la playa.
Es casi una ofrenda, una coronación de todo límite. Lo que quedará de mí sobre la arena sin sombra, cuando las pisadas se marchen.
*****
No he venido a esta playa a ser feliz. No he venido a veranear. Odio los granos de arena en mi escote, las gotas de sudor en la espalda, la luz que cae sobre mí como una losa roja y me tira encima de la tierra. Me vence.
No me gustan los turistas que hierven encima de las tumbonas, ni las señoras que se agitan con sus revistas debajo del parasol. Me gustan, en cambio, las mujeres chinas que venden masajes a cinco euros. Ellas saben cómo molestar. Ellas, con sus manos pequeñas y su inadecuación, tan humeante como la mía.
Me he hermanado con ellas a través de este acto, en apariencia tan simple, aunque lo ignoren y vuelvan la cara al pasar a mi lado, como los otros.
*****
Ellos creen que se van a lavar en el mar. Que el agua salada se llevará toda la mierda encendida como luminaria en su cuerpo. Creen en la posibilidad de neutralizar la carne, como si ésta fuera algo más que tiempo malgastado.
Comen, beben y juegan en la orilla. Mean y defecan en el agua, a buen resguardo de la mirada ajena. Nadan poco, lo bastante como para ocultar su fealdad justo hasta la altura del cuello. Cuando no tocan fondo, se alarman y patalean en silencio con el rostro contraído. Después sienten alivio porque ya están a salvo, y corren pesadamente hasta su sitio. Porque tienen un sitio.
Todo esto lo sé porque alguna vez quise ser como ellos. Entrar en su construcción, que no tiene murallas. Para hacerlo no hay más requisito que existir sin duelo, sin despecho. En la pureza del orden.
Pero hoy, en cambio, he venido a esta playa a vomitar en la orilla. Me he manchado también la parte de arriba del bikini. Ha ocurrido por necesidad, no por azar. He dejado aquí encima el sedimento que me disuelve. Y lo he tocado.
Ha sido el rito exacto de la separación, del desarreglo.
*****
Ahora podrán decir que estoy perdida. Y dirán bien. No les llevaré la contraria. Dejaré que tracen mi historia en vertical. La historia de mi sarna. Les hará sentir fuertes, protegidos. Anclados.
Pero el vómito es muy distinto de algo que pueda ser fijado en un punto.
Me pregunto si un vómito tiene un final como lo tienen los cuerpos.
Porque lo que se condensa en el vómito es lo inabarcable. Lo que se ha de mezclar. Lo grumoso. Lo que no tiene concordia.
Como una voz afónica que nunca se define. Su espesa envoltura de monstruo.
Tengo que llegar a esa tesitura.
Por eso, ahora dejo caer mi cabeza entre las piernas, mojo mi cara contra el vómito, depongo en él mis ojos, los froto a su favor, y las fibras vivas de mi pelo se ensucian de pringue, sal y barro. Quedo suspendida. Respiro fuerte. El olor del vómito es profundo como la lluvia en las alcantarillas.
Debo parecer una suplicante tendida ante un altar.
Solo yo sé con qué me he congraciado.
*****
El vómito es un lenguaje. Una jerga carcelaria.
Sus únicas reglas son la aleación y el desatino.
Cae, empapa y se seca en cualquier lugar. Ahora, frente al mar, está en latitud de riesgo. Se lo pueden llevar las olas en cualquier crecida y se convertirá en una lengua muerta.
De algún modo, esa es la ley de toda materia. Yo misma podría ser arrastrada.
*****
El sol ya no arde.
Sigo delante del vómito. No me he movido.
Los bañistas me esquivan cuando pisan la arena. Hacen muecas de desprecio que veo por primera vez, aunque antes ya las sospechaba a mis espaldas.
Las figuras del vómito se van desaguando. Se dibujan los restos de comida, las infiltraciones. El líquido está a punto de desaparecer.
Aun así, yo no me voy.
Me quedaría aquí hasta que cayera la noche, a la intemperie, guardando mi don hasta el hartazgo.
Tal vez alguien tendría entonces la bondad de empujarme al agua. Obligarme a purgar mi cuerpo. Ahogarme. O preguntarme si me encuentro mal en mitad de toda esta porquería.
Pero no voy a morir en el mar. No he venido a esta playa a morir ni a ponerme enferma. Y el agua no me limpia.
Si alguien me tocara para ayudarme, impregnaría su brazo de vómito. Porque ellos solo toleran el tacto estéril, desprendido, yo les haría notar mi asqueroso roce.
He venido simplemente a ser obstinada en mi indecencia, en mi rechazo.
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El vómito es la prolongación obstinada de mi cuerpo.
Yo soy la prolongación obstinada de mi forma y de las palabras que hicieron de mí un instrumento de percusión ciega.
Ellos son la prolongación obstinada de sus paredes de casa blindada, de sus certezas.
Es la obstinación sin objeto lo que queda al fin como poso de la vida.
Como escribir es construir obstinadamente estas frases sin finalidad y sin enmienda.
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Firmas invitadas de DVD ediciones

miércoles, 10 de agosto de 2011 2 Comentarios

El gólem se reparte y flota a la deriva: Insondable.

FORMAS

buscaba una isla
un objeto encerrado en el vacío
el cuerpo que hubo en el ángulo que ocupa ahora mi cuerpo
la perplejidad de habitar
el espacio


Laia López Manrique 

(Para ir a la casita de Laia pinchar en su nombre)

martes, 31 de mayo de 2011 4 Comentarios

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Photo: Jonah and the whale, Pamplona Bible

Jonah, Pamplona Bible, Navarre 1197. Amiens, Bibliothèque municipale, ms. 108, fol. 146r .