No hay ningún propósito para esto, para hacerlo. Hay, cuando encontramos huecos, la necesidad de postrarse.
Ahora mismo digo "estoy aquí". Qué manera de auto-afirmarse. Me miro en un espejo: tengo las cejas arqueadas. Azul profundo, casi morado, debajo de los ojos. Dos enormes barcos zarpan cada día allí un dibujo. El pelo cae, una onda.
Descubrimiento y maravilla.
Soy el arco de mis cejas. Pero no cuando me miro. Tinta negra bajo los párpados. Una herencia, un rastro hasta mí, hasta ese lugar que se derrumba en mis mejillas. Pelo ondulado cayendo. Yo también caigo en ese cuerpo muerto. Sólo son finas hebras herméticas. Sólo seré esto si me prolongo en ello.
Hay una dificultad extraña, un obstáculo, y una precariedad. Cuando pienso en los viajes, en una distancia, sólo hay un pronunciamiento, una mano al otro lado de un brazo que se tensa. Lo que se da por la piel contra la piel, aunque al otro lado del ojo ausente encontremos nuestra cara mirando hondo, tan hondo que toca.
Ah, ese lugar; qué resquicio, digo yo. También fui mi piel erizada por el frío, y la hierba rozándome los gemelos. Todos los huesos. Esa era la permanencia. La manifestación del lugar, cuando uno se ciega unos instantes, y sólo piel, y cabello, y onda. No soy marca tibia sobre mi piel. Quizás, sólo, cuando me miro y soy, y hago, alarde de ese egocentrismo humano: me miro, y quizás por eso quiero creer que estoy ahí, que realmente soy. Pero quizás, sólo si lo cuestiono, el puro acto, soy rastro, quijada de macho que golpea, abierta, al aire.
Veo cosas brillar. Es lo mismo: si la luz hace inflexión, es porque existen las cosas. Las cosas no existen por la luz que se refleja en ellas. Yo no existo más a través de mis ojos. Tengo dos manos porque puedo tocar, porque toco. Soy dos manos, palmas abiertas, dibujadas por otra mano, por otro tacto. Soy aquí porque no puedo estar, no si no es la piel, mi tacto, la cobertura de mis ojos, lo que me protege y a la vez me expone, me existe.
Existo porque existe mi piel. En cada centímetro, no hay lugar para las voces.
Mostrando entradas con la etiqueta existo porque hay una definición constante. Mostrar todas las entradas
La morada
Publicado por
Portinari
Eso:
el cuestionamiento de la pluralidad,
el tacto,
este doble,
existo porque hay una definición constante,
La morada,
los sentidos,
refugio,
teníamos que suceder
viernes, 26 de agosto de 2011 9 Comentarios