Silencio
Fábula
Edgar Allan Poe
Las crestas montañosas duermen;
los valles, los riscos y las grutas están en silencio.

(ALCMAN 160 (1O), 6461)

—Escúchame — dijo el Demonio, apoyando la mano en mi cabeza—. La región de que hablo es una lúgubre región en Libia, a orillas del río Zaire. Y allá no hay ni calma ni silencio.
Las aguas del río están teñidas de un matiz azafranado y enfermizo, y no fluyen hacia el mar, sino que palpitan por siempre bajo el ojo purpúreo del sol, con un movimiento tumultuoso y convulsivo. A lo largo de muchas millas, a ambos lados del legamoso lecho del río, se tiende un pálido desierto de gigantescos nenúfares. Suspiran entre sí en esa soledad y tienden hacia el cielo sus largos y pálidos cuellos, mientras inclinan a un lado y otro sus cabezas sempiternas. Y un rumor indistinto se levanta de ellos, como el correr del agua subterránea. Y suspiran entre sí.
Pero su reino tiene un límite, el límite de la oscura, horrible, majestuosa floresta. Allí, como las olas en las Hébridas, la maleza se agita continuamente. Pero ningún viento surca el cielo. Y los altos árboles primitivos oscilan eternamente de un lado a otro con un potente resonar. Y de sus altas copas se filtran, gota a gota, rocíos eternos. Y en sus raíces se retuercen, en un inquieto sueño, extrañas flores venenosas. Y en lo alto, con un agudo sonido susurrante, las nubes grises corren por siempre hacia el oeste, hasta rodar en cataratas sobre las ígneas paredes del horizonte. Pero ningún viento surca el cielo. Y en las orillas del río Zaire no hay ni calma ni silencio.
Era de noche y llovía, y al caer era lluvia, pero después de caída era sangre. Y yo estaba en la marisma entre los altos nenúfares, y la lluvia caía en mi cabeza, y los nenúfares suspiraban entre sí en la solemnidad de su desolación.
Y de improviso se levantó la luna a través de la fina niebla espectral y su color era carmesí. Y mis ojos se posaron en una enorme roca gris que se alzaba a la orilla del río, iluminada por la luz de la luna. Y la roca era gris, y espectral, y alta; y la roca era gris. En su faz habla caracteres grabados en la piedra, y yo anduve por la marisma de nenúfares hasta acercarme a la orilla, para leer los caracteres en la piedra. Pero no pude descifrarlos. Y me volvía a la marisma cuando la luna brilló con un rojo más intenso, y al volverme y mirar otra vez hacia la roca y los caracteres vi que los caracteres decían DESOLACION.
Y miré hacia arriba y en lo alto de la roca había un hombre, y me oculté entre los nenúfares para observar lo que hacía aquel hombre. Y el hombre era alto y majestuoso y estaba cubierto desde los hombros a los pies con la toga de la antigua Roma. Y su silueta era indistinta, pero sus facciones eran las facciones de una deidad, porque el palio de la noche, y la luna, y la niebla, y el rocío, habían dejado al descubierto las facciones de su cara. Y su frente era alta y pensativa, y sus ojos brillaban de preocupación; y en las escasas arrugas de sus mejillas leí las fábulas de la tristeza, del cansancio, del disgusto de la humanidad, y el anhelo de estar solo.
Y el hombre se sentó en la roca, apoyó la cabeza en la mano y contempló la desolación. Miró los inquietos matorrales, y los altos árboles primitivos, y más arriba el susurrante cielo, y la luna carmesí. Y yo me mantuve al abrigo de los nenúfares, observando las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad, pero la noche transcurría, y él continuaba sentado en la roca.
Y el hombre distrajo su atención del cielo y miró hacia el melancólico río Zaire y las amarillas, siniestras aguas y las pálidas legiones de nenúfares. Y el hombre escuchó los suspiros de los nenúfares y el murmullo que nacía de ellos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.
Entonces me sumí en las profundidades de la marisma, vadeando a través de la soledad de los nenúfares, y llamé a los hipopótamos que moran entre los pantanos en las profundidades de la marisma. Y los hipopótamos oyeron mi llamada y vinieron con los behemot al pie de la roca y rugieron sonora y terriblemente bajo la luna. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.
Entonces maldije los elementos con la maldición del tumulto, y una espantosa tempestad se congregó en el cielo, donde antes no había viento. Y el cielo se tornó lívido con la violencia de la tempestad, y la lluvia azotó la cabeza del hombre, y las aguas del río se desbordaron, y el río atormentado se cubría de espuma, y los nenúfares alzaban clamores, y la floresta se desmoronaba ante el viento, y rodaba el trueno, y caía el rayo, y la roca vacilaba en sus cimientos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado.
Entonces me encolericé y maldije, con la maldición del silencio, el río y los nenúfares y el viento y la floresta y el cielo y el trueno y los suspiros de los nenúfares. Y quedaron malditos y se callaron. Y la luna cesó de trepar hacia el cielo, y el trueno murió, y el rayo no tuvo ya luz, y las nubes se suspendieron inmóviles, y las aguas bajaron a su nivel y se estacionaron, y los árboles dejaron de balancearse, y los nenúfares ya no suspiraron, y no se oyó más el murmullo que nacía de ellos, ni la menor sombra de sonido en todo el vasto desierto ilimitado. Y miré los caracteres de la roca, y habían cambiado; y los caracteres decían: SILENCIO.
Y mis ojos cayeron sobre el rostro de aquel hombre, y su rostro estaba pálido. Y bruscamente alzó la cabeza, que apoyaba en la mano y, poniéndose de pie en la roca, escuchó. Pero no se oía ninguna voz en todo el vasto desierto ilimitado, y los caracteres sobre la roca decían: SILENCIO. Y el hombre se estremeció y, desviando el rostro, huyó a toda carrera, al punto que cesé de verlo.
Pues bien, hay muy hermosos relatos en los libros de los Magos, en los melancólicos libros de los Magos, encuadernados en hierro. Allí, digo, hay admirables historias del cielo y de la tierra, y del potente mar, y de los Genios que gobiernan el mar, y la tierra, y el majestuoso cielo. También había mucho saber en las palabras que pronunciaban las Sibilas, y santas, santas cosas fueron oídas antaño por las sombrías hojas que temblaban en torno a Dodona. Pero, tan cierto como que Alá vive, digo que la fábula que me contó el Demonio, que se sentaba a mi lado a la sombra de la tumba, es la más asombrosa de todas. Y cuando el Demonio concluyó su historia, se dejó caer en la cavidad de la tumba y rió. Y yo no pude reírme con él, y me maldijo porque no reía. Y el lince que eternamente mora en la tumba salió de ella y se tendió a los pies del Demonio, y lo miró fijamente a la cara.

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Ausencia

lunes, 17 de agosto de 2009

12 responses to

  1. MARIEL says:

    Estas palabras de Poe inmovilizan. Pero lo realmente fantástico es que podrías haberlas escrito vos, perfectamente. De hecho, tuve que revisar si eran realmente de Poe, porque las leía como tuyas. Es la primera vez que me pasa. Me ha pasado de decir: "esto expresa tan bien lo que siento, o es tan bello, que me gustaría haberlo escrito". Pero nunca me sucedió sentir que un texto lo había escrito una persona, que lo había parido (sería el verbo exacto), cuando lo había escrito otra cuyo nombre tenía delante (Poe).

    Me siento doblemente inmovilizada. No se trata de que hayas incluido un texto de Poe. Lo has escrito. No sé cómo explicarlo. Intentaré buscar las palabras para esta certidumbre.

    No había reparado en tus espacios en blanco, en ese espacio de la respiración, como lo hizo Ana. La fotografía es el silencio. Y el reflejo (ahora recuerdo que las dos subimos hoy reflejos a nuestras casas).

    No puedo decir nada más, no puedo salir de esta convicción azorada de que el texto es tuyo.

  2. Stalker says:

    Imagino hacia qué parajes te llevaba el tren. Seguro que estaban inundados de presencia, capaz de contrarrestar la ausencia.

    El cuento de Poe lo conocía. Maravillosa descripción de la tentación...

    abrazos

  3. Isabau says:

    Me gusta encontrarme inmaterial en tu materialismo. Porque la ausencia es inmaterial, aunque la palabra "ausencia" no lo sea.

  4. Portinari says:

    Mariel, qué te puedo decir salvo que son tus ojos que no el mundo. De esta base surge lo demás.

    Gracias por todo lo que me dices, por leer-nos, aquí a mis hachas y haches que pululan por mi nombre, que no por la pobre Portinari, tan beata y dantesca a la vez.

    El texto es tuyo Mariel, cuando lo lees.

  5. Portinari says:

    Stalker, como dice Isabau de seguido, la ausencia es invisible pero ocupa espcio. Es una "H". Y cómo me han gustado las hachas siempre... por invisibles y supremas.

    A dónde me llevaba, me lo imagino, a dónde me fui realemente, lo tengo en las haches.

    El cuento, espero que sea de tu gusto ;)

  6. Portinari says:

    Isabau, recuerdos del tren ¿verdad? sí que es tu ausencia, no la puedo olvidar. Y sin embargo, en la instantánea hay tantas... que todos esos no se podrían sentar ni en todas las sillas de ese tren, ni de cualquier otro.
    Era un juego triste, sabes como soy. Esperaba a alguien, y es casualidad que ni siquiera un desconocido se sentara. Quizás nunca me di cuenta, y ese muerto a quien esperaba ya estaba allí sentado, y por eso nadie vino a hacerme compañía.

    Quizás, ¿sabes? quizás. Espero que el tren te haya traído bellos recuerdos.

  7. Susana says:

    Las ausencias, que recorren nuestros recuerdos como los trenes sus paisajes... El personaje que no está pero tiene un peso tal su no-estar que impide que nadie ocupe su lugar. Ausencias presentes, pues. Como aquellos silencios que turban la intención de hablar...

    El cuento de Poe, que no conocía, me ha sorprendido: parecía estar poseído por un escritor oriental. Casi como parece poseído el asiento retratado.

    Qué sabré yo de lo que hay dentro del silencio-ausente-con-hacha. Sólo sé que me gustó y, como dice Mariel, casi me inmovilizó, me dio como apuro de hablar, de moverme, de irme y también de sentarme a respirar los mismos vértigos.

    Abrazos.

  8. Portinari says:

    Susana,

    Así como dices, al igual que Isabau, las ausencias en su calidad de "H" acaban por materializarse. Nosotros las atravesamos como el fuego al aire.

    Me alegra ver tu sorpresa originada por el cuento de Poe. Realmente tiene influencias de la tradición oriental, o eso quise entender en mi edición del cuento. Independientemente de lo que dijera mi edición, me gusta eso que dices de posesión; quizás, ¿sabes? es interesante pensarlo.

    Dentro, Susana, no creo que ni mi yo consciente sepa qué hay. Que te gustara es motivo suficiente para significar, y eso es importante. Movimiento y a la vez inmovilización; respirar los mismos vértigos: sé re-bienvenida ;)

  9. rubén m. says:

    Enorme Poe, y enorme Portinari por traer este cuento que extrañamente o conocía, con lo que me gustan las historias cortas del maestro.

    O será un dueto a cuatro manos Portinari-Poe, como sugiere Mariel.

  10. Portinari says:

    Me alegra que te guste este cuento Rubén; es uno de los que más me gustan de Poe (aunque creo que no soy muy consciente de lo que dirá esto de mí jeje.)
    Poco a poco vamos haciéndonos a los relatos cortos con nuestras actualizaciones; tú me muestras a Villiers y yo a ti este cuento de Poe. Así está genial :)

  11. MARIEL says:

    Tengo ganas de escribir una historia cortita donde Portinari, que aun no nació, le sopla a Poe las palabras de este cuento. Es como dice Rubén, hay cuatro manos acá. Vos ya estabas ahí, de alguna forma, Poe era tu ventrílocuo, las palabras no vienen hacia nosotros desde los muertos, nos son dictadas por quienes todavía no han nacido. Algo habrá que hacer con esta sensación de que eras el angel que le hablaba a San Mateo (http://www.primeroscristianos.com/catequesis/san_mateo.html).

    Besos asombrados.

  12. Portinari says:

    Escribe Mariel, y cuando la acabes, invítame a leerte.

    No sé si estuve pues no recuerdo; pero si pudiera escoger según lo que dices, no nacería nunca, para hablar eternamente.

    El ángel que hablaba a San Mateo... Mariel, a veces olvido qué hacer con estas palabras :) gracias.

    Besos que renuevan el asombro.

Photo: Jonah and the whale, Pamplona Bible

Jonah, Pamplona Bible, Navarre 1197. Amiens, Bibliothèque municipale, ms. 108, fol. 146r .