Es bien sabido que tras la pausa comienza el montaje.
Eternizar la pausa. Realizarse en el segundo. Último. Después, echar de menos.
Eres mi pausa. El mundo es el movimiento. El daño. Busco la eternización secular en el segundo confinado al olvido. Me manca cada engranaje movido. Quiero un vuelo. Un soplo. Que no haya materia donde me muevo. Porque mi movimiento rasga las paredes de la casa. Porque aquí el verbo no es pequeño. Es mi aire. Yo soy en el verbo. En la pausa, hay anche palabras.
Realizarme en cada nota de una melodía de segundos. De puntos que cosen la herida. En cada oscuridad que forma una imagen, la muerte. Súbita desaparición del color. Y el blanco se come al mundo. Un segundo. Otro. Otro.
El grito de las líneas. Cada verso es pánico. Verdad. Ausencia. Segundo. La muerte en una Sustancia. Tu gravedad y la mía compartidas en el vórtice del vértigo que me consume
Lacera
Hierve
Dentro,
DIETRO LE PAROLE
Un grito, otro, segundos, voces, luces, blanco, explosión inaudita. Morir en el silencio / también hay palabras / una mano, y c a d a s e g u n d o s e f r a g m e n t a s i n s i l e n c i o s
donde
cuando
porque
sin preguntas
Una caída torpe
en cada sílaba.
Exprimir la necesidad de infinitud.
Y la música no se siente
lo suficiente.
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Un segundo
domingo, 2 de agosto de 2009 9 Comentarios

